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Actas : Notas Octubre 2, 2016


Capitalismo: crisis de ajuste
Jorge Etcheverry

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En los medios más variados de la izquierda en sentido amplio—desde los antiimperialismos hasta los así llamados liberales o radicales del mundo anglófono desarrollado—se habla de una crisis, incluso del fin del capitalismo. Pero luego de fijarse en lo que se entiende como fin del capitalismo, uno se da cuenta de que la alternativa que se comienza a esbozar, y que se proclama como el fin del sistema, es más bien una combinación de elementos en el seno del sistema capitalista: una cierta independencia política y económica nacional o regional y ciertos niveles de nacionalización de recursos e industrias estratégicos, más la implementación de una gama variable de servicios sociales.

A esto suele unirse un abanico de reivindicaciones de carácter etnocultural o religioso. Todo al interior del sistema capitalista pese a que muchas veces en los discursos políticos locales esos logros anuncien el fin del capitalismo. Además, a nivel internacional, en los sectores mayoritarios de izquierda o progresista se intenta superponer a la coyuntura política presente un marco de bloques, que recuerda muy de cerca al de la guerra fría, entre un mundo capitalista y un bloque socialista.

En esta nostálgica versión actual, se opone a “Occidente”, —EEUU y Europa Occidental—contra el bloque bastante suelto de los procesos progresistas o revolucionarios latinoamericanos encabezados por Cuba y Venezuela, más los países geopolíticamente aliados y/o “antioccidentales” de la órbita musulmana (árabe y persa) , que abarcaría además a Rusia y China. Se advierte además una esquematización o esquematizaciones vagamente geográficas de Oriente contra Occidente, Hemisferio Sur contra Hemisferio Norte, mundo desarrollado contra mundo en desarrollo. Se le asigna un valor progresista, autodeterminacionista, antiiimperialista, anticolonial, etc., al hemisferio sur y no falta mucho para que se proclame su valor anticapitalista y revolucionario, pese a que los ejemplos de sistemas progresistas se den solo en América Latina y con diversos grados de radicalización y de componentes socialistas. En muchos casos se opone lo “nacional”, abstrayendo sus contradicciones sociales y económicas internas, a lo “extranjero”, “neocolonial”, en una lectura de la teoría de la dependencia que tiende a abstraer el papel de las burguesías nacionales

Pero de lo que se trata es más bien de una crisis de ajuste del capitalismo, que está pasando de la etapa por así llamada imperialista y unipolar a otra forma global. El sistema está profundizando su presencia en todos los rincones del planeta, que se adaptan a este capitalismo actual y generan bloques económicos regionales, nuevas zonas de influencia para la potencia mundial tradicional,un poco en decadencia y para las otras emergentes, como Rusia y China, en este sistema capitalista que tiende a ser multipolar.

A diferencia de lo que pasaba en el colonialismo clásico europeo, al imperio o a los imperios ya no les interesa o no les es posible crear sistemas de administración colonial, virreinatos, Rajs, etc. , o generar capas híbridas mestizas o biculturales de la población en los países colonizados para conformar instituciones, armar países nuevos, etc. Ya no es posible sostener ni las vastas burocracias coloniales, los ejércitos de ocupación, los protectorados, etc. Pero tampoco es posible el control de los estados nacionales como tales a través del sostén de regímenes o la ocupación militar que sigue a una guerra, como quedó demostrado en Afganistán e Irak. Ya no se pueden apostar legiones y organizar países a su alrededor, como hacían los romanos, para el mantenimiento y penetración actuales. Son los sub imperios los que deben intentar la supresión de los poderes regionales, mediante la fragmentación territorial y la pluralidad de intereses encontrados. Esta es una cosa de gestión y seguridad. Incluso los países aliados de la región de que se trate representan un problema futuro indeterminado: si bien por el momento están alineados con la potencia de que se trate, su misma existencia y desarrollo como estado poderoso en el radio de acción geopolítica regional los convierte en un obstáculo potencial.

No hay poder ni recursos humanos o materiales a nivel del imperio capitalista central y los emergentes, para mantener una ingente presencia armada y administrativa en vastas regiones, pero el capitalismo global en esta fase de expansión tiene que llegar a todos los rincones para seguir imponiendo su modo de intercambio económico. La solución del sistema es una fragmentación del país que sigue líneas étnicas y religiosas, regionales y tradicionales, que se manifiestan en ideologías secretadas por esa necesidad de expansión de este sistema capitalista global. Así brotan formas ideológicas nacionalistas e independentistas con el potencial de socavar la integridad de los países geopolítica y económicamente importantes de la región de que se trate.

La mera disminución de su poder regional, la presencia de conflictos sectarios, internos o fronterizos garantiza que carecerán de estabilidad y poder para convertirse en minimperios competidores en sus zonas. Así se mantendrá la hegemonía del imperio existente pero claudicante (EEUU) y los imperios ascendentes, principalmente Rusia. A la vez, la fragmentación y decadencia institucionales resultantes liberará a vastas masas al mercado capitalista local, como productores o consumidores o mano de obra barata exportable a las metrópolis (refugiados).

Como se ve, el regionalismo y sus bloques no es un anuncio del fin del capitalismo ni del neoliberalismo globalizante, sino una corroboración de su flexibilidad y productividad. A fin de cuentas, los bloques regionales se estructuran como mercados regionales capitalistas, en relación con los poderes alternativos capitalistas subimperiales emergentes, lo que no quita que eso pueda abrir espacios para que los países puedan negociar ciertas formas de beneficio social y afirmación etcnocultural o religiosa. Pero de ahí a afirmar que se trata del fin del capitalismo, o siquiera del imperialismo, es muy apresurado, aunque así se satisfaga una necesidad ideológica apremiante de la entidad política de que se trate.

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