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Actas : Notas Septiembre 30, 2016


La seducción del cannabis
Nieves y Miro Fuenzalida

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¿Tienen las plantas poder sobre nosotros? ¿Somos nosotros o ellas las que están en control? Si pensamos que nos alimentan y envenenan, cautivan con sus colores, sus fragancias y sabores, nos calman o despiertan y en ocasiones cambian el contenido de nuestra mente y la experiencia de nuestra conciencia, habría que decir que la respuesta no es muy clara.
Hay harto en común entre los insectos y nosotros. La abeja desciende en la flor del manzano, succiona el néctar y escapa con el botín. Ella es la que está en total control. Por lo menos eso es lo que cree, si es que las abejas tienen alguna creencia. Pero… ¿es esto lo que en verdad ocurre? ¿No será que es el manzano el que astutamente manipula a la abeja para que lo visite? Visto desde la planta descubrimos que ella atrae a la abeja desarrollando el tipo y combinación correcta de moléculas. Color, forma y dirección hacia el sol para atraer y gratificar a la abeja. Esto es lo que llamamos co-evolución. Dos especies trabajando juntas en beneficio mutuo. No diferente de nuestra relación con el maíz. Este también ha desarrollado el sabor, la forma y el color para ganar un lugar en los campos de cultivo agrícola y, eventualmente, en todo el continente. ¿No es esta una estrategia exitosa? No del todo mal para el humilde origen del maíz.

Las plantas evolucionan para gratificar nuestros deseos y las que domesticamos se reproducen mejor y mucho más rápido cuando diseminamos sus genes por todo el mundo. Aquí, la pregunta obvia es … ¿Quién domestica a quién?... Si no queremos caer en el obscurantismo del New Age habría que reconocer que este proceso no es intencional. No hay un choclo maestro detrás de todo diciendo” tratemos el color amarillo”. Todo esto, si seguimos la evidencia de la biología genética, es el resultado de una mutación accidental.
La vida es un desafío. Las plantas, para responder a las dificultades de la falta de movimiento han tenido que desarrollar, desde tiempos más antiguos que los animales, una estrategia diferente para mantener, defender y expandir su reproducción. En reemplazo de la locomoción usan una inmensa, riquísima y compleja variedad de químicos que las mantienen vivas. El cannabis es un buen ejemplo. La molécula THC, uno de los ingredientes activos de la mariguana, es una molécula extremadamente compleja que requiere un gran gasto metabólico por parte de la planta para producirla. La mayor razón para hacer este gasto es gratificar nuestros deseos. En sentido figurativo el cannabis trabaja en nuestra mente para aprovechar la movilidad que poseemos. Es el arte de la seducción molecular. Por difícil que parezca, las plantas son tan avanzadas como nosotros. Al final del proyecto genoma el humano terminó con 35 000 genes. La planta del arroz, con 50 000. Tal vez no un índice de superioridad, pero sí de complejidad.

Nuestra relación más enigmática con las plantas es la que tiene relación con el cambio de conciencia. Todas las culturas, excepto los Inuit, han usado plantas que alteran la conciencia. El deseo por cambiar nuestros estados mentales es uno de los impulsos más poderosos junto con el deseo por alimento, agua y sexo. Cambiar la química cerebral es una de nuestras actividades favoritas. Según Steven Pinker esta atracción por las plantas sicodélicas es el resultado de la unión de dos diferentes rasgos adaptivos. Cada vez que hacemos algo heroico o útil el cerebro nos recompensa liberando químicos que nos hacen sentir bien. Más tarde, esta recompensa la podemos repetir sin tener que darnos el trabajo de hacer algo heroico o útil aprovechando solo la capacidad mental para engañar al cerebro y hacer que secrete los químicos deseados. Las plantas, o al menos ciertas plantas, fueron la llave que liberó el flujo químico. Si apretamos un poco las cosas habría que decir que supimos de esta llave observando a otros animales intoxicarse. Los pastores de cabras abisinios, por ejemplo, descubrieron el café observando a los animales drogarse con las bayas rojas del pequeño arbusto.

La guerra en contra de las drogas pinta a las plantas psicoactivas como la encarnación del pecado. La verdad es que habría que ponerlas más allá del bien y el mal. Como ya sabían los griegos, la misma planta puede ser medicina o veneno. Su uso puede producir cambios catastróficos, como la adicción, y también, una que otra vez, crear algo que cambia todo.
Por lo que sabemos la mariguana fue descubierta en Asia Central. De China se traslado a África y luego a América del Sur, todos lugares en los que paso a ser parte de la tradición religiosa. ¿Fueron las plantas psicoactivas, desde los tiempos más remotos, un puente entre el mundo natural y del mundo transcendente? ¿o, por el contrario, son las que crearon la fantasía el mundo transcendente? No lo sabemos, pero lo cierto es que hubiera sido bien difícil pensar en el mundo del más allá sin las plantas. Michael Pollan dice que si pensáramos en una historia natural de la imaginación no se podría dejar de lado el papel que las plantas, las drogas y los hongos han tenido en los diferente movimientos de la historia cultural. Muchos de los pensadores de la antigua Grecia participaban en los festivales religiosos anuales de Deméter o en los misterios de Eleusis en donde se consumían pociones alucinógenas… ¿Tuvieron estas experiencias alguna influencia en la filosofía griega? ¿Fue la metafísica de Platón el resultado de un viaje alucinogénico? Bajo la influencia de la droga, dice otro escritor, una taza de café empieza a lucir como el ideal platónico de una taza de café, un paisaje se transforma en la pintura de un paisaje, un solo de guitarra se escucha como la música de las esferas. Las plantas pueden hacer sentir que se ha entrado al mundo de los arquetipos.

Para algunos críticos la experiencia mística que se logra con prácticas espirituales como el ayuno, el rezo o la meditación es más auténtica que la que se logra con la ayuda de las plantas… ¿Realmente? Cualquier estado de conciencia alterado se enfoca totalmente en el presente. El presente es el fin de la meditación. Es la experiencia de la trascendencia. La puerta hacia la eternidad… “ Poseer toda la vida en un instante, ahora y aquí, pasado, presente y por venir”… “Despertar al presente es darse cuenta que el infinito es lo finito en cada instante” ¿Hace alguna diferencia que los químicos que participan en estas experiencias sean endógenos o artificiales? Todas nuestras experiencia son químicamente condicionadas. Si separamos algunas de ellas y decimos que son auténticamente espirituales es solo porque no habíamos investigado el ambiente químico en el que ocurrían. El uso del cannabis libera los mismos químicos que las prácticas espirituales… ¿Por qué, entonces, unas podrían ser más autenticas que las otras?
En la tradición cristiana la obtención de conocimientos espirituales que provienen de la naturaleza es paganismo. Y la historia mítica que lo condena se llama Génesis. ¿Cuál fue el conocimiento al que Dios le prohibió el acceso a Adam y Eva en el paraíso? El contenido, dice Pollan, no es tan importante como la forma, como el hecho de que las plantas puedan darnos un conocimiento espiritual. El árbol en el jardín era una planta psicoactiva y la nueva fe monoteísta buscaba quebrar toda ligazón con la magia natural, desencantar el mundo vegetal y animal y enfocar la atención exclusivamente en un solo Dios. Pero, el nuevo Dios no podía simplemente ignorar la existencia del árbol del conocimiento, especialmente cuando generaciones y generaciones adoraban y consumían la planta. Así, Dios le permitió al árbol del conocimiento crecer en el Jardín del Edén, pero como tabú. Cuando Adán y Eva rompieron el tabú y comieron del árbol prohibido fueron severamente castigados. Y el castigo fue la caída en la historia y la vergüenza. Irónicamente esta fue la primera victoria de los alucinógenos. La caída fue más bien una subida.
Las plantas desafían la creencia de la religión judío cristiana que afirma que el origen de la conciencia se encuentra fuera de la naturaleza… ¿Qué pasa si descubrimos que la transcendencia misma tiene sus raíces, no en el cielo, sino en las moléculas que danzan en el cerebro y en las plantas que crecen en el jardín? ¿Qué pasa si algunas de las creaciones culturales más valiosas de la humanidad le deben su existencia a las plantas y los hongos? Somos parte de la naturaleza como cualquier otra cosa, aunque sea difícil de ver. Nuestra presunción de que somos diferentes es problemática. Dependencia mutua, interdependencia es como la naturaleza funciona.

La intoxicación no es una cuestión para tomarla ligera o frecuentemente. Las plantas están al lado de Dionisos. Si recordamos a los griegos Dionisos nos puede convertir en ángeles o en animales. Todo depende.

Nieves y Miro Fuenzalida.
9/26/2016.

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Notas
Secciones

Reflexión sobre “Humana impermanencia”, de Teobaldo Noriega, Lugar común, Ottawa, 2016
El reemplazo de la humanidad
La metafísica de las plantas
Cuarenta años de Cordillera
Tomás Watkins: “Artistas exiliados chilenos y uruguayos incidieron en la gestación de asociaciones culturales y gremios de artistas”
Poema, traducción al francés y nota
El retorno de Dios
Irreverencia y metanovela en “El caso Neruda” de Roberto Ampuero (La otra orilla, España. Mayo 2009, 326 páginas)
La edad del futuro
Marcelo Leites: “Pareciera que últimamente la estética o la calidad de una obra fueran elementos insignificantes o anacrónicos”