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Durante su discurso de aceptación tuvimos la ocasión de ver al presidente Obama luchar tratando de reconciliar las paradojas de ser Comandante en Jefe de dos guerras y al mismo tiempo recibir el Premio Novel de la Paz … “Vengo aquí con un agudo sentido del costo de un conflicto armado. Lleno con preguntas difíciles acerca de las relaciones entre guerra y paz y nuestro esfuerzo para reemplazar una con la otra”. Y a continuación el agrega… “Sé que no hay nada débil, nada pasivo o ingenuo en las creencias y vidas de Gandhi y King. Pero, como jefe de Estado he jurado proteger y defender mi nación, no puedo guiarme solamente por sus ejemplos. Enfrento el mundo como es y no puedo quedarme pasivo frente a las amenazas al pueblo americano. No nos equivoquemos: el Mal existe en el mundo… Decir que la fuerza es necesaria no es un llamado al cinicismo. Es el reconocimiento de la historia”… “Sí, los instrumentos de la guerra tienen un papel que jugar en la preservación de la paz”. El mensaje último pareciera ser… Si, señoras y señores, sin guerra no hay paz.
Cada nueva Guerra inevitablemente vuelve a redefinir su naturaleza debido a cambios en la tecnología bélica, la organización militar o la historia geoestratégica. La guerra en contra del terror no es excepción. Pero, lo que es distinto a toda la historia previa, según Nick Mansfield, es la tendencia a borrar la diferencia entre guerra y paz, entre guerra y sociedad civil, entre combatiente y no combatiente o entre límite temporal o espacial en el uso de la violencia. Según la nueva retórica de la doctrina Bush-Obama los terroristas, al igual que los criminales, aparecen en cualquier momento y en cualquier lugar amenazando el estilo de vida y los valores de la democracia Occidental. Como muchos analistas han venido notando, hoy día ya no podemos diferenciar con claridad cuando estamos en guerra y cuando en paz. La guerra y la paz se enredan mutuamente… la guerra es paz y la paz es guerra. Las políticas sociales, las manipulaciones diplomáticas y las estrategias políticas se metamorfosean unas en otras, definiendo enemigos dentro del país, representando el antagonismo exterior como criminal y eliminando la noción de frontera militar y de la guerra misma como una simple cuestión de conflicto armado. Ya no se trata de porqué elegimos la guerra en lugar de la paz, sino en qué configuración de guerra y paz nos toca vivir. La guerra se lleva a cabo simultáneamente con el funcionamiento normal de la economía, la política y la vida social y su imperativo no impacta negativamente en su coordinación. La guerra se torna totalmente compatible con la paz La guerra infiltra la paz, y confirma la aparente inviolabilidad de la paz. La estabilización de la sociedad civil depende de la instabilidad de la guerra que surge en cualquier momento y en cualquier lugar.
¿Como podemos entender este nuevo desarrollo? ¿Es este un mero cinismo que corre el riesgo de borrar la diferencia entre guerra y paz para hacerla más aceptable y popular? La retórica más persistente, especialmente desde 9/11, es la de retratar a la sociedad y al individuo del mundo occidental como inocentes y que, a pesar de la historia innegable de guerras en contra de poblaciones, identidades, culturas, tradiciones económicas, sistemas ecológicos e incluso el sistema meteorológico global, continúa perpetuamente reinventándose a sí misma como habitada por inocentes. “Cualquiera sean los errores que hemos cometido”, dice el presidente Obama, “el simple hecho es este. Los Estados Unidos de América han ayudado a mantener la seguridad mundial por más de seis décadas con la sangre de sus ciudadanos y la fuerza de sus armas. El servicio y sacrificio de nuestros hombres y mujeres en uniforme han promovido la paz y prosperidad desde Alemania a Corea y ha ayudado a la democracia surgir en lugares como los Balcanes. No porque hemos querido imponer nuestra voluntad, sino porque buscamos un mejor futuro para nuestros hijos y nietos, para que puedan vivir en libertad y prosperidad”. La visión de su mentor espiritual Jeremiah Wright, sin embargo, es bastante diferente… En su sermón “The Day of Jerusalem’s Fall” del 16 Septiembre del 2001, pinta a EEUU. como un País que toma las tierras de las tribus indígenas, bombardea Granada, Panamá, Libia, Hiroshima, Nagasaki y apoya el terrorismo de estado… su frase "America's chickens are coming home to roost" significa que EEUU ha traído el ataque del 9/11 asimismo. “La violencia llama a la violencia. El odio llama al odio. Y el terrorismo llama al terrorismo…” “El gobierno de EEUU. miente cuando dice que todos los seres humanos han sido creados iguales. La verdad es que ellos creen que todos los blancos son creados iguales”
Bataille veía la guerra como uno de esos procesos a través de los cuales la sociedad humana rompe los constreñimientos del orden para encontrar la verdad que de otra manera no puede lograr. Es el compromiso con los flujos irracionales y excesivos de energía que hacen posible la civilización de la especie, pero también su destrucción. La guerra libera la violencia y el exceso y al mismo tiempo construye retrospectivamente un antes y después, habitado por un mundo racional, inocente y significativo que son el contexto y la contra partida necesaria para la transgresión contenida en la violencia, el caos y la brutalidad que trae la guerra.
El ataque de Al-Qaida transforma en pocos minutos a EEUU de sujeto en objeto pasivo obligándolo a montar un intento masivo para recuperar sus prerrogativas de poder dominante. El otro debe volver a ocupar su papel de objeto. Afganistán es reducido a Bin Laden e Irak a Saddan Hussein y su demonización permite obscurecer la carnicería de ambos pueblos y restaurar la posición que la Nación ocupa en la jerarquía mundial. Más que venganza, más que el petróleo, más que la protección de los negocios es el reclamo a una subjetividad perdida por la sorpresa de 9/11. La guerra le permite a la clase dirigente aniquilar al otro y mantener su comando. La contradicción entre una historia de conquista, rapiña, explotación y genocidio y la auto imagen de una pacífica inocencia racional, bondadosa y normal podría entenderse si miramos la lógica de la guerra como una aventura más allá de la inocencia y la razón, una fuerza que se libera de los límites del reino de la inocencia para perpetuamente reinventarla retrospectivamente como una auto identidad que se encuentra permanentemente amenazada. La división social se configura como guerra en contra del crimen, las drogas, la inmigración ilegal o el terrorismo, y la guerra se declara para confirmar la existencia de un dominio social harmónico que necesita ser protegido o inventado a través de ella. No hay paz que no esté infiltrada por la guerra que permite su funcionamiento, incluso si es destruida por ella o confundida con ella. No hay paz sin la protección de la guerra
¿Es posible sostener la simple oposición entre guerra, con toda su violencia destructiva, y la paz, con su inocencia, sociabilidad y fuente de sentido cuando la paz induce la guerra que asesina, pero que al mismo tiempo la preserva? Es este inextricable enlazamiento entre guerra y paz lo que ha facilitado la política oportunistica de Bush y Obama. El establecimiento y mantenimiento del Acta Patriótica, que contiene la correspondencia entre guerra y vigilancia policial, refleja esta lógica. La interpenetración de guerra y paz se explota y, al mismo tiempo, se niega. Según Martin Shaw si vemos la guerra desde un contexto político, social y militar más amplio, entonces, ella se nos aparece como una práctica cultural que hace posible ciertos arreglos estratégicos y manipulaciones políticas. La paz no es solo un objetivo social benigno que debemos mantener y cuidar, sino que puede ser el pretexto de la guerra. Es esta contradicción la que impide, en este momento histórico, separar claramente una de otra y que hace imposible un compromiso radical con la paz. En Agosto del 2004, en una entrevista del programa “Today” en NBC, el presidente Bush declaró que “la guerra en contra del terror no se puede ganar”. Lo que él trató de decir, de acuerdo a un personero de la Casa Blanca, es que “el no creía que iba a producirse una rendición formal o a firmarse un tratado”. El Secretario de Defensa D. Rumsfeld expreso algo similar en el Pentágono al afirmar que “no había una clara idea de cuando la guerra en contra del terrorismo terminara”. Con lo que nos quedamos es con el complejo de guerra y paz que necesita ser negociado de momento a momento.
La dificultad que Bush tuvo y que ahora tiene Obama en identificar el evento que permitiría poner fin a la guerra en contra del terror y la restauración de la paz es una indicación de la naturaleza de la guerra contemporánea. Esta ya no es, como dice Nick Mansfield, un episodio espasmódico de rápida transición histórica, sino la agonía permanente de la paz. La guerra en contra del terror es el anuncio explicito de una permanente guerra /paz.
Ottawa, Ontario, 22 dw Febrero, 2010.
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La cita Trunca. ed. Jorge Etcheverry. Ottawa: Editorial Poetas Antiimperialistas de América. Mar 2, 2010 |
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