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Actas : Notas


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Otras páginas del prólogo (o introducción) al Necronomicón
Arturo Méndez-Roca


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La columna central de este texto, que es por así decir ‘narrativa’o cosmogónica, es la que obviamente leyeron Lovecraft y varios otros antes que él. Es la única inmediatamente accesible—mediando la traducción, claro—, siendo la que ni está en código ni tampoco constituye esa ‘álgebra del espíritu, o álgebra cultural’ que ejemplificábamos anteriormente. En esta columna central nos encontramos una cosmogonía que pareciera contradecir o separarse de los teoremas de la parte o columna de la derecha, y que es el germen de esa mitología que utiliza magistralmente H.P. Lovecraft y luego tantos otros que han hecho su (desigual) aporte a los mitos de Cthulhu. Desde el texto breve (y a nuestro juicio vestigial) del editor de esta página en el número 3 de la revista Mapalé de Canadá, titulada “El horror austral”, que se puede ver en el enlace http://www.harrymagazine.com/200503/unchileno.htm., hasta las magníficas narraciones de August Derleth, que agregó a Ithaca, dios elemental del viento, al panteón de divinidades negativas de esta mitología originada en el Necronomicón. O la incomparable nouvelle de Colin Wilson “El regreso de los Lloigor”.

 

Pero aquí no estamos hablando de ciencia ficción. Nos interesa destacar que esta mitología aparece descrita en la columna narrativa del Necronomicón con la misma pretensión de ficción que uno pudiera atribuir por ejemplo a la Biblia o al Corán, es decir ninguna. Es claro que el autor o quienes escriben este texto—se puede suponer que el nombre Abdul Alzahred en realidad enmascara a diversos autores, letrados o escribas, metafísicos o teólogos y geómetras o matemáticos —creen a pies juntillas en esa cosmogonía, que podemos calificar como gnóstica, con la misma intensidad de quienes redactaron esos otros libros sagrados por así decir de ‘corriente principal.’ Fe de la que obviamente Lovecraft carecía, lo que le hizo fácil recurrir a dichos contenidos con el exclusivo propósito de generar ficción. Algo análogo, pero sin embargo muy diferente a lo que hizo Wagner con las mitologías germánicas que en algún momento constituyeran materia de explicación cósmica para algunos pueblos, o del trato artístico y literario de los temas de las antiguas religiones grecorromanas por los autores renacentistas.

 

Esta cosmología del Necronomicón es esencialmente la que básicamente ha expuesto Lovercarft: en el origen de los tiempos y en el centro del cosmos existen dos fuerzas opuestas, una que se pudiera llamar positiva y otra negativa, lo que no es ninguna novedad y que tiene parecida expresión por ejemplo en el zoroastrismo. No así en la antigua religión bíblica, ya que el demonio cristiano es más bien una ocurrencia de orgullo o vanidad, de pecado en un universo que inicialmente es totalmente bueno, positivo, lo que le vale a Satán el destierro e inicia su conflicto con el Creador Todopoderoso por el dominio de este mundo. Lo mismo pasa con Adán, que es corrompido luego por la serpiente (Satán). O mejor dicho a través de la tentación de Eva, — lo que inicia, justifica y fundamenta que en las tres religiones así llamadas del libro, porque se basan en la Biblia, la judía, la musulmana y la cristiana, la mujer sea un género subordinado—. Entonces, en estas religiones lo positivo de alguna manera se corrompe y da origen así a ese ámbito negativo que se le opone y que termina por ser parte aleatoria de todo lo que existe, incluyendo a la naturaleza humana, que ya no está dispuesta totalmente al bien y siempre será proclive al pecado. De ahí vienen esas divisiones del ser humano tan caras al pensamiento occidental cristiano, esas dicotomías entre cuerpo, materia, caducidad, perecibilidad, vs. alma o espíritu, eternidad. De ahí también vendría la capacidad dicotómica del hombre de decidir entre su parte espiritual y su parte animal corporal, material, etc.

 

En este caso, y en esta mitología que nos preocupa, y que por la antigüedad que alega sería la primera, se da por el contrario una división inicial entre dos tipos o grupos de entidades, unas positivas y otras negativas, de ahí un maniqueísmo inicial del universo, de todo lo que existe, que previamente a ninguna corrupción ya contiene elementos que el lenguaje popular califica como ‘malos’. Las entidades positivas, —luego de una batalla entre el bien y el mal cósmicos, o sus equivalentes, algo así como un ‘Conflicto de los Siglos’adventista—, desterraron a los vencidos, entre otros lugares, al plante tierra. Es interesante señalar que en esta cosmogonía, los seres humanos—o quizás la vida toda en el planeta, es un subproducto, bien no intencional o bien premeditado, de la actividad de esas entidades. En el segundo caso, nos encontramos con que los seres humanos habrían sido creados en una pavorosa versión de esa doctrina tan de moda en estos tiempos y que se llama ‘Diseño/designio inteligente’ (Intelligent Design). Entonces, el ser humano habría sido diseñado como alimento o fuerza de trabajo por esas divinidades negativas elementales, desterradas o exiladas a este planeta y que distraídas o embotadas por milenios, de alguna manera se descuidaron, dejando que sus producciones poblaran la tierra y elaboraran una cultura. Pero que ya estarían empezando a agitarse en sueños, próximas a despertar y a reconquistar su territorio





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La cita Trunca. ed. Jorge EtcheverryOttawa: Editorial Poetas Antiimperialistas de América. Jul 21, 2008
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Notas
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Los cinco lados de Dios, primera 'estrofa' del Necronomicón
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