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El Necronomicón
Arturo Méndez-Roca


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Antecedentes

 

Esta obra llegó por primera vez al público en general a través de las referencias que aparecen en la ficción de uno de los autores más importantes del género fantástico y de terror, nos referimos a Howard Phillips Lovecraft, (†1937), autor que también incursionó en lo oculto, y cuya cita más reproducida es “That is not dead which can eternal lie. And with strange æons even death may die", "No ha muerto quien puede yacer eternamente/y con eones extraños la misma muerte puede morir”  Esa es mi versión de esas famosas frases del autor (26.000 ocurrencias en Google en esta mañana del 12 de marzo de 2008).

 

Yo me exilé en el Monstruo por razones de todos conocidas y en las que no voy a entrar aquí. Fue viviendo en la extraordinaria Bâton Rouge, que combina las culturas francesa, africana, el elemento anglosajón norteamericano y una rica y diversa presencia etnocultural, que comencé a frecuentar nuevamente a esos autores que habían iluminado(o ensombrecido) mi temprana juventud en los días en que comenzaba a escribir y era admitido bastante a regañadientes en “Los Desencantados de Coquimbo”, grupo poético y neorromántico que desaparece en la arenas de la historia en un país como Chile, aquejado de manera entusiasta por la globalización neoliberal, que trae de la mano el afán de novedades que caracteriza al hombre medio de la urbe contemporánea, tan minuciosamente vituperado por el gran filósofo alemán Martín Heidegger.  Fue allí donde releí a Lovecraft, en esa ciudad que lamentablemente he debido abandonar debido al aluvión que hundió para siempre a la incomparable Nueva Orleáns, asolando de paso Bâton Rouge y una casa totalmente a mi gusto que había logrado adquirir y remodelar después de años de enseñar mi idioma natal en el sistema educacional secundario y luego en la universidad. Fue allí que releí Los mitos de Ctlulhu, a medida que me apropiaba del inglés, esta mi segunda lengua de la cotidianidad y el mundo del trabajo en este continente, mi idioma para lo ‘a la mano’, parafraseando otra vez al ilustre pensador teutón. Mi idioma para la cultura, el conocimiento, las artes y la poesía, lo que los siúticos y algunas señoras que conocí en mi infancia llamaban “las cosas del espíritu”, es el francés. Desgraciadamente mi alemán es sumamente rudimentario.

 

Y por supuesto que en esas latitudes y entorno no podía sino haber releído a Lovecraft, y luego de varios intentos traduje esas famosas frases que describen El Sueño de Ctulhu, que se prolonga para siempre en su ciudad ciclópea de geometría que de alguna manera distorsionada y extraña. That is not dead which can eternal lie. And with strange æons even death may die. Mi traducción personifica decididamente en términos humanos al ‘which’ que traduzco por ‘quien’, ya que los minerales, por ejemplo, pueden yacer por incontable eones, transmutarse, descomponerse en sus átomos constitutivos, etc. y eso no tiene nada de terrible. Así, la presencia del Reino Mineral se evita no poniendo ‘lo’ por which, lo que también hubiera sido correcto semánticamente, pero que ya no daría la idea de esa antigua divinidad todopoderosa  que yace bajo las aguas por un tiempo interminable. Además, si hubiera puesto ‘el’, estaría discriminando por el lado del género, mientras que al poner ese ‘quien’ yo estoy abarcando la posibilidad de una Diosa monstruosa e incalculablemente mala que yace esperando su cuarto de hora desde la eternidad, o aludo a una entidad no genérica, que no es lo mismo que decir ‘neutra’, ya que esto último implica esa suerte de vacuidad o chatura del ‘it’ inglés. Así, mediante el ‘quien’ se puede aludir eventualmente a una presencia bi o multigenérica.

 

No ha muerto quien puede yacer eternamente y con eones extraños hasta la misma muerte puede morir. La filiación iniciática u ocultista de Howard Phillips Lovecraft ha sido vastamente demostrada y documentada, además está el argumento de que alguien que escribe solamente ficción no llegará nunca a ese nivel de abundancia y sofisticación. Hay mucho simbolismo y paráfrasis. Hay elementos de una tradición hermética que a la vez es literaria. No muchos críticos han reparado en las menciones que el autor hace en su obra Horror sobrenatural en literatura al Gólem de Gustav Meyrink, en el contexto de la Cábala, párrafo que me voy a permitir citar a continuación (en mi propia traducción, naturalmente) “...la misma Cábala, tan prominente en la Edad Media, es un sistema de filosofía que explica que el universo es una emanación de la divinidad, e implica la existencia de extraños dominios espirituales y seres separados del mundo visible de los que podemos obtener perspectivas siniestras mediante ciertas encantaciones secretas. Su ritual está plagado de interpretaciones místicas del Antiguo Testamento y atribuye significación esotérica a cada letra del alfabeto hebreo—una circunstancia que le ha otorgado a las letras de dicho alfabeto un glamour y potencia espectrales en la literatura popular de carácter mágico. El folclor judío ha preservado mucho del terror y el misterio del pasado, y cuando se lo estudia más en profundidad es probable que ejerza una influencia considerable en la ficción fantástica [weird fiction]. Los mejores ejemplos de este uso literario han sido hasta ahora [1927] la novela El Golem de Gustave Meyrink y la obra de teatro El Dyhhuk [español ‘alma en pena’ proveniente del infiermo hebreo, o Gehenna ], de un escritor judío que usaba el seudónimo "Ansky." La primera obra, con el hechizo de sus sombrías sugerencias de maravillas y horrores casi al alcance de la mano, se ubica en Praga y describe con maestría singular el antiguo ghetto de esa ciudad con sus espectrales tejados en punta. El nombre Gólem se deriva de un fabuloso gigante artificial supuestamente fabricado y animado por rabinos medievales según una fórmula críptica. El Dyhbuk, traducida y puesta en escena en Estados Unidos en 1925, y más recientemente producida como ópera, describe con poder singular la posesión de un cuerpo viviente por el alma perversa de un hombre muerto. Tanto los golems como los dybbuks son caracteres ya fijados y son frecuentes ingredientes de la tradición judía posterior".





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La cita Trunca. ed. Jorge EtcheverryOttawa: Editorial Poetas Antiimperialistas de América. Mar 14, 2008
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