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Crónicas
La eternidad a la hora de los quiubos
Jorge Etcheverry

Los años que no perdonan y un otoño frío, con una humedad casi de invierno chilensis me mantienen encerrado en mi departamento, dubitativo--¿les gusta esta palabra?. Creo que es primera vez que la uso--.. Pero al fin me pongo una camiseta, una camisa, un chaleco y un cortavientos que me compré en uno de mis viajes a Chile y que usé una vez en Angelmó, que queda bastante abajo en el Sur de Chile al borde un brazo de mar que se cruza para pasar a Chiloé, unas islas todavía más al sur, esto para beneficio de los hermanos hispanohablantes en estas tierras boreales que leen esta nota.

Que escribo en un local remozado y con un personal de niñas bastantes simpáticas que atraen a nuevos clientes que se portan muy bien, gracias a esta grata atmósfera y a un par de bouncers tan imponentes como eficientes. Aquí se puede disfrutar de una tranquilidad inusitada en este tipo de establecimiento, en realidad un pub que cuenta entre su clientela crepuscular y nocturna a una fauna surtida, a varios patos malos /creo) y a algunas niñas ‘de la vida’ como se decía en mi país cuando yo era chico, pero independientes y orgullosas, que trabajan con internet y que andan con matagatos en la cartera o esas bolsas artesanales a que son aficionadas, todo por una recomendación que le hice una vez a una que me paró en la calle y me pidió que porqué no la acompañaba unas cuadras porque unos tipos en auto la venían siguiendo.

Esto es una primicia, no se lo cuento a todo el mundo. Eso sí, se lo mencioné al pasar a una niña nueva, que es básicamente estriptisera y que me presentó la Guagua, fundamentalmente para que le pagara unos tragos y se la sacara de encima, ya que por razones de competencia, cuando se le ocurre que no se ve muy bien o anda medio de maletas, no le gusta que la vean con otra compañía femenina muy atractiva. Como es el caso de esta niña cuyo nom de guerre es Frou-Frou La Frog, porque es quebequense, y que tiene unas piernas extraordinarias, que le empiezan arribita de los pies y le llegan hasta la ingle. También frecuentan este lugar, mi nueva oficina porque el otro boliche quebró, Feto Von Thyssen, un inmigrante alemán más o menos reciente, chato, gordito, muy rosado, de carita redonda y manos chicas, ET Woodsworth, un gringo flaco, de frente alta, ojos salidos, orejas enormes y medio tirando a hidrocéfalo por el porte de la cabeza. Esos apodos justifican la tradicional picardía del latino, parte de los habitués del otro boliche que nos vinimos para acá en tropilla, como dicen en la otra banda (Argentina).

Y por supuesto también llega de vez en cuando y de cuando en vez el Apocalipsis Rivera, a veces solo, a veces con su hermano Deuteronomio, y que a vuelto un poco a la cristiandad, o canutidad, quizás llevado de la mano por la marea derechosa y fundamentalosa que todavía pudo elegir al Harper. Antes no me había dado cuenta de que aquí, como en los países de donde venimos, las modas de Estados Unidos las seguimos con varios años de atraso, como no se cansa de afirmar el director de esta página el poeta chileno canadiense Echeverri, que también llega a veces por acá con Patrick Phillmore, un poeta canadiense, Arturo Méndez, otro escritor chileno casi de la edad mía, bastante poco amistoso y que se vino de Baton Rouge en Luisiana después de lo de Catrina, damnificado, aterrado y sin pega. Un tipo muy raro. No me gusta ni entiendo mucho lo que escribe en general en esta misma página, pero si por algo salimos del terruño original—por si no lo he dicho, yo también me vine por lo del golpe del 73—es porque la democracia consiste, o debería consistir al menos, entre otras cosas, en el derecho a pataleo. Méndez-Roca puede publicar aquí y yo puedo decir que no me gusta lo que escribe y el Director no me va censurar lo que escribo.

Ahora a Apocalipsis le ha bajado una interpretación del asunto de la vida eterna, que como se sabe es uno de los conceptos centrales de la religión cristiana. Sin ir más lejos no hay más que acordarse de eso de “y la vida eterna amén”. Pero no tan amén, según Apocalipsis, ya que según él no se trata de que Dios haya prometido la vida eterna, y cita al teólogo Charles Kingsley que en 1855 escribió que el significado de la palabra ‘AION’ (Siglo, Edad, Era) que se usa en las escrituras, jamás se usa para significar eternidad o tiempo sin fin, sino que significa un periodo de tiempo. Entonces pasó a explicar que eso quedaba clarito en el Antiguo y el Nuevo, por ejemplo a Adán se le habían dado 930 años, siendo que al comienzo Dios había decidido que la vida de los seres humanos se limitaría a 120 años. También estaba el caso de Noé que habría vivido hasta los 959 años, los 969 años de Matusalén, pero los sorprendentemente breves 120 años de Moisés en este contexto. Y ahí entró a terciar Deuteronomio, que dijo con toda razón, desde ese punto de vista, que claro está que los designios de la Divinidad son inescrutables y que las cualidades o empresas por las que premia a algunos seres humanos con una relativa longevidad son incomprensibles para nosotros los pobrecitos mortales. Entonces es que miré a mi alrededor para ver si estaba por ahí Jorge o A. Méndez, sobre todo este último, que siempre está dispuesto a discutir sobre religión y atacar a los creyentes, como queda de manifiesto en su blog, bastante atrasadito, Zonagris http://interzonal.blogspot.com/ (a ver si me paga unas cervezas por la propaganda). Pero los viejos verdes estaban hablando con las niñas y les estaban contando chistes, por la manera como se reían. Y les dije que iba al baño y aproveché para escabullirse por la puerta de atrás