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Actas : Crónicas Enero 2, 2015


Una antología con bemoles (una crónica del abuelo)
El abuelo

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Hace tiempo que Jorge me viene pidiendo que escriba una crónica, que no desaparezca del mapa así como así, pero lo que creo es que le están faltando colaboradores para su página, además de que yo propiamente no hago crónicas, en general muy delimitaditas y que versan sobre los temas de moda, los problemas de actualidad, lo que está pasando, las más serían pseudo o a para crónicas. Y a lo que iba, la moda de los cafés con conexión WiFi ha resultado, personalmente hablando, un gran avance tecnológico, hasta tengo una tableta, entonces me puedo pasar un buen rato frente a un decaf, como todas esa niñas y jóvenes, algunos ya no tanto, pero yo por lo menos tengo la precaución de vestirme más o menos decente, lo que me da un aire muy respetable. Un día que estaba comprando pan, otro cliente me dijo que me parecía a Christopher Plummer. Debo aclarar que estoy cortando el trago y los cigarros, a mi edad hay que hacerlo, me dijo mi doctor en mi último chequeo, no es que me haya encontrado nada, pero me dio una lista de exámenes que creo que no me voy a hacer, total, de algo hay que morirse. Total, dicen que los buenos mueren jóvenes y soy más o menos, como decían en mi tierra de origen, ni chicha ni limonada. Los años pasan, Guagua al fin se consiguió un tenior en la universidad, y echó de la casa al vago con que se había arrejuntado. Enseña en el departamento de Woman Studies, pero la rara vez que se junta conmigo, aquí mismo, en este café, se le nota un poco en los ademanes el pasado no tan bien enterrado de striptisera. Pero bueno, parece que se me volvió a salir el yoísmo, que mantengo bien guardado cuando la gente que no sé porqué siempre habla conmigo de sus problemas cae a mis diversas picadas. Para la exportación tengo la reputación de ser un tipo muy comprensivo, que escucha a los demás, pero sospecho que esta actitud es más bien para ir juntando material para estas crónicas que nunca verán la luz en forma de libro. Y es por eso que ahora estoy en este café en lugar de en el bar en que me junté con ese fulano al que Guagua le había hablado de mí y del que ahora me ando corriendo su poco y esa es la verdad de la milanesa, como dicen los cuyanos, para venir a dar a esta lata de café.

Y resulta que se trata de un proyecto en un principio de bastante buen lejos que tiene este poeta y editor que viajó especialmente de Toronto, para hablar con otra gente que corta más queso que yo, que en realidad no corto ninguno, pero que por si las moscas se juntó conmigo para hablarme de su proyecto de antología. Para mi desazón y secretos celos, venía acompañado de la Phyllis Phillmore, que en su momento y años atrás fuera conocida en el tablado como Guagua L’amore. Ella le había exaltado mis virtudes por cuenta propia y lo había convencido que viniera a verme, contándole quizás qué historia sobre mis posibles recursos, mi inventado interés y mis inexistentes conexiones. El colega (porque alguna vez yo también me las he dado de editor), me expuso su problema: estaban saliendo muchas otras editoriales chicas, de gente más joven, más al tanto, más dinámica; se multiplicaban las posibilidades de imprimir bajo demanda, cualquier cantidad de libros; el asunto del internet para la difusión, los libros electrónicos, estaban poniendo de lado a muchas editoriales pequeñas y medianas, como la suya. La única manera de saltar de nuevo a la palestra era publicar algo visible, que él pensaba era LA ANTOLOGÍA, abierta, pero invitando a nombres más o menos conocidos, a autores que a su vez tuvieran sus redes de contacto propias, para la difusión, que tuvieran a alto nivel sus amigotes, sus arreglines.

—Bueno, ¿y qué tema tienes pensado?—

“mira, el tema es lo de menos, cualquier tema, ahora están por ejemplo las cosas relacionadas con el medio ambiente, la paz, los derechos de las mujeres, su poesía, los pueblos indígenas, la cosa del Medio Oriente, aunque lo palestino está muy parqueado, creo que eso es lo que está sonando más ahora”

—Pero mira, eso está re hecho, además para que se note, habría que conseguirse algunos nombres famosos, para eso se necesita guita, o contactos políticos, institucionales gordos, además de que es difícil que quieran participar en una editorial chica, que no conoce casi nadie, sin ofender—

“No, si no me ofendo, de eso se trata pues cumpa, de que quiero tirar esto pa’arriba de una vez, o todo o nada, estoy aburrido de andar mascando lauchas con esta editorial ratona, perdonando la redundancia”

—Mira, eso de la editorial desconocida que se apunta el tremendo poroto y empieza a vender como pan caliente, a salir en las noticias, son puros cuentos. No te niego que a lo mejor pase, es teóricamente posible que alguno o alguna de los antologados jóvenes, que se inician, o que están empezando, se llegue a convertir en un pescado gordo y entonces se va a decir que empezó a publicar en una oscura editorial, etc. (y ahí viene el nombre de la tuya), pero para entonces tú (y yo) vamos a estar re muertos. A lo mejor el diablo o el tatita dios nos llegan con la noticia en el otro mundo, si existe, o mejor, una de las cuarentaytantas vírgenes del otro paraíso ese que está de moda, pero que si nos morimos de viejos no nos van a servir de mucho tampoco—

“La revolución, entonces, ese tema está de actualidad, en Europa del este, en el Medio Oriente, en América Latina, donde mires, el capitalismo está en crisis en todo el mundo, ¿o no?. Vamos a recibir montones de colaboraciones, de todo el mundo, entre nosotros, podemos leer y traducir más o menos por lo menos del inglés, el francés, a mí si me apuran, desde el portugués y el italiano”

—Oye, pero de qué revolución me estás hablando, de los conflictos nacionales, étnicos, religiosos, que están en alza por todas partes, pero una revolución en el sentido estricto dónde, la única parte en que se están produciendo cambios graduales que apuntan un poco a modificar a lo que se llama “modo de producción” capitalista, es en América Latina, un proceso que pese a ser diferido e incierto, está produciendo algunos cambios en el patrón capitalista global, pero ahí nos metemos en problemas, porque ya es una cosa más de base, y más peligrosa para el sistema, que todas estas revoluciones étnicas, culturales, nacionalistas, religiosas, que no parecen alterar esa cosa de manual de estudios marxistas que se llaman las “relaciones de producción”, es decir el sistema capitalista que está vigente en todo el mundo sin importar religiones, razas, continentes, etc., y que tiene algunas mejoras hacia lo colectivo, como decía, en algunos países de América Latina, con la excepción de Cuba, por supuesto, que hasta ahora ha estado más cerca del socialismo real que esos países del este y centro de Europa que colapsaron hace unas décadas, y que prefiero llamar socialismo fáctico y no socialismo real, como se estila, porque de socialismo real tenían poco. Si planteamos hacer una antología con ese tipo de revolución a la clásica, la revolución socialista de carlitos, el pelao Lenín, el barbas de chivo Trotzky, nos van a llover piedras desde todos lados, de todos continentes, no te creas—. Entonces no solo no va a haber interés, a no ser que sea ese tipo de interés que es mejor no despertar, tú sabes a lo que me refiero—

Pero metido en esta perorata, con la cabeza caliente y hablando bastante fuerte, lo que provocó la inquietud o la censura de algunos de las mesas vecinas que se medio dieron vuelta para mirar a la de nosotros, no me había dado cuenta de que alguien se había sentado, el pelo blanco y abundante, no como el mío, no como el mío, ralo y casi inexistente en la parte superior de la cabeza. Era el poeta Patrick Phillmore, el primo de la Phyllis, es decir Guagua, que tiene mi edad pero es más delgado, más alto y no tiene guata, además de ser gringo, claro. Y como mencionaba, tiene más pelo. Seguramente ella le había dicho que nos íbamos a juntar.
Y claro, empezó a hablar con su castellano machacado, y se lanzó a su vez en una perorata, sin siquiera escuchar, parece de lo que estábamos hablando, o agarró sólo esa parte de lo que yo estaba diciendo de la revolución, porque dijo algo más o menos así, que paso a transcribir, hasta donde yo pude entender:

“Ya se acabó el nacionalismo biológico, más adecuado para los nazis del siglo pasado. Es la hora de encarar al socialismo como el único sistema de gestión para salvar al hombre y al planeta. Ningún pueblo debe tener derecho a ninguna tierra, solo a administrar una parte de la naturaleza, y con un sistema social y político socialista y medio ambiental. No importa quién lo lleve a cabo. Si Palestina adopta la faz de un estado teocrático y fundamentalista islámico, entonces que sea un país no aportará nada a la salvación de la tierra. La meta universal debe ser la única que garantiza la supervivencia de la raza humana sobre el planeta, un socialismo universal, multiétnico, multicultural y laico, ambientalista, que controla la totalidad del interfaz entre hombre, medio ambiente y se rige por el principio de la Stasis: 0 desarrollo económico, 0 aumento de la población. Solo los pasos que conduzcan hacia allá son revolucionarios, todo lo demás es reaccionario”.

Así pude constatar que seguía pegado con la teoría de la estasis del descreditado Robert Leach, y que el otro compadre lo miraba con tamaños ojos. Con una sabiduría, o mejor astucia, ganada por años en este tipo de situaciones lo interrumpí: “hola, parece que ustedes no se conocen, Patrick Phillmore, Edgardo Sapiaín”, los presenté y les dije, dándoles sendas palmadas en la espalda, mientras me ponía de pié sin darles tiempo a reaccionar: “huuy, me tengo que ir volando” Miré el reloj y me guardé la tableta en el bolsillo de la chaqueta. “Tengo una cita con el dentista. Los dejo aquí conversando”.

Y así lo hice.

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