Hace unas semanas tuve la suerte de encontrarme en un congreso con un poeta y académico, digamos hispanófono, que no veía hace años. Me sorprendió que en su intervención mencionara que le estaba prestando más y más atención a sus sueños, que tenía la impresión de cosas, de que algo se avecinaba, pero que no iba a elaborar más sobre eso. Yo pensaba que el chamanismo no era para uno, que había que utilizarlo a lo más como herramienta de análisis, no nos olvidemos del Mircea Eliade de nuestra juventud, de Bachelard, Jung y compañía, Frazer, hasta del Deleuze, toda gente entretenida con eso de imágenes o arquetipos que de alguna manera enquistados (en la mente, en los genes) determinan nuestro comportamiento individual, social y cultural. Esa misma noche me vi asaltado por una pesadilla en que Dios me hablaba, o mejor se me hacía presente bajo la forma de una mujer joven albina más o menos de mi estatura, quizás un poquito más alta, con un olor extrañamente animal y enfundada en un traje negro ajustado, recién bajada de un disco volador plateado suspendido a algunos metros del suelo, más claro incluso que un cielo radiante, sin nubes. Se trataba de ponerme a cargo de la tierra, para salvarla, vaya novedad. Ya se habían dado cuenta de que no había manera de educar a los primates que habían tomado la preeminencia, que deberían haber intervenido en forma directa en la selección natural, que los fulanos designados antes para la salvación del planeta habían sido idealistas, educadores y populistas, en general tipos ingenuos que creían que todo lo que había que hacer era ponerse a predicar. No se puede negar el logro de algunos resultados valiosos relativos a la higiene y la dieta, claro que para que los tipos se tomaran un baño, no le robaran al vecino o lo mataran, o no violaran a las hijas o las hermanas, había que taparlos a rituales, mandamientos, mitos, variados cielos e infiernos. Pero las cosas no marchaban, no iba a entrar en detalles, yo era una persona culta y leída, antes de entrevistarse conmigo me habían hecho una búsqueda en el google. “Jorge”, me dijo, y entonces la reconocí. Era una niña más o menos amiga mía que hace años que no veía, que antes vivía por aquí cerca y a la que le daba todos los libros que publicaba. “Mira, esta vez no queremos nada de prédicas, sacrificios, enseñanza por el ejemplo, vamos a trabajar una onda Jehová, tú que has ejercido la docencia entiendes perfectamente. La letra con sangre entra. Ya no más mesías o profetas, o dioses. Te estamos ofreciendo el puesto de manager del mundo, vas a contar con recursos ilimitados, de llapa te damos la inmortalidad para ti y para otras 12 personas de tu elección, preferentemente familiares o seres queridos, amistades muy cercanas, amores, etc., pero ese es un número tope, (tenemos esa cosa con los números, acuérdate de los apóstoles), para que no haya corrupción, juego de influencias. Sabemos que tú, pese a tus enormes facultades creativas e intelectuales, eres muy humano y la carne es débil”. Incluso me dijo que se había hablado de castrarme, de prohibirme que bebiera, como medidas preventivas antes de asignarme el cargo, pero ella se había opuesto. En el pasado había habido malos ejemplos de dioses aburridos, que se ponían erráticos o caprichosos, lo que era casi peor que los panteones colectivos que se habían ensayado. “No queremos nada de metáforas, que se escriba que se echa a latigazos a los mercaderes del templo, que más chance tienen los camellos de pasar por el ojo de una aguja de que los ricos se vayan al cielo, porque la gente o cree o no cree, le parece bien o mal y a la postre es una cosa de decisión personal, no pasa nada. Nada de iglesias, ni siquiera de revoluciones, imagínate, para hacer programas, para formar sacerdotes o militantes, para que la gente se vaya convenciendo. No queda tiempo. Lo mejor es que me vayas haciendo una lista, para un día o dos, no estamos tan tan apurados, de las cosas más importantes que hay arreglar, la gente que hay sacar del poder en los países, cómo habría que manejarlos según tu opinión, por ejemplo cómo sacamos a la gente del Amazonas en un par de días, hundir la flota pesquera japonesa, suprimir la plata y la industria automotriz, si sería bueno una prohibición de tener niños en China por cinco o diez años, si conviene que hagamos llover fuego sobre Roma, La Meca, Jerusalén, las Naciones Unidas, para que la gente se vaya dando cuenta de quién va a manejar la cosa ahora”... Y entonces fue que desperté bañado en sudor.